Embarazadas

Salus
Floradix

Hierro en el embarazo

Durante el embarazo la necesidad de hierro aumenta en un 100%. Este oligoelemento es importante para la formación de la sangre, el transporte de oxígeno entre la madre y el feto y el desarrollo del cerebro del no nacido. Además durante la gestación se crea en el niño un depósito de hierro para su primeras semanas de vida. Lo ideal es que las mujeres que deseen tener un hijo repongan sus reservas de hierro en cuanto empiecen a hacer planes para aumentar la familia. Independientemente de que se ponga en práctica esta medida o no, por regla general se debe tomar algún preparado que tenga buena tolerabilidad a más tardar a partir de la decimotercera semana de embarazo.

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Ahora que estás embarazada tu cuerpo va a experimentar numerosos cambios. Una época en la que todo son dudas e inseguridades. Te ayudamos a mitigar tus preocupaciones para que puedas enterarte de las mejores recomendaciones que debes seguir durante el embarazo y estés preparada para todos los cambios que van a ocurrir.

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Parto y lactancia

A menudo el embarazo y el parto consumen la totalidad de las reservas de hierro de la madre y, además, ésta tiene que cubrir las necesidades de hierro del lactante mediante el amamantamiento.

Alimentación

Las embazadas deben procurar contar con el suficiente aporte de hierro a través de la alimentación.

El hierro es importante para garantizar un riego sanguíneo y un abastecimiento óptimos de la placenta que aseguren el suministro de oxígeno al feto y permitan crear un depósito de hierro en el no nacido para sus primeras semanas de vida. Como nuestro organismo no puede producir hierro por sí mismo, las embarazadas deben procurar ante todo que su alimentación sea rica en hierro. La fuente más importante de hierro es la carne. Sobre todo la carne muscular roja y las vísceras como el hígado. Uno de los alimentos más ricos en hierro es el hígado de cerdo. 100 g contienen aprox. 14 mg de hierro. Para evitar un aporte insuficiente, las embarazadas deberían toman diariamente dos filetes de hígado de cerdo de 100 g cada uno. Es cierto que también existen diversos alimentos vegetales que contienen hierro, p. ej. las legumbres, las variedades de hortalizas de hoja verde, los productos elaborados con cereales integrales y las nueces.

Pero el hierro que contiene (trivalente) es difícilmente soluble y por tanto el organismo aprovecha lo peor. El hierro que mejor absorbe nuestro organismo es el bivalente.

Para favorecer la absorción de hierro resulta de gran ayuda tomar un medida muy sencilla: la ingesta combinada de hierro y vitamina C.

Por ejemplo, se puede tomar un vaso de zumo de naranja acompañando un muesli de cereales integrales. Por el contrario, el té negro, el café y la aspirina obstaculizan la absorción. El calcio de la leche y los fosfatos, como los que contienen los refrescos a base de cola, bloquean la absorción de hierro.

 

Consejo

Se recomienda analizar el nivel de hierro al comienzo del embarazo y, si es necesario, reponer las reservas de este oligoelemento. Independientemente de ello, se debe controlar con precisión  el contenido de hierro en sangre a más tardar a partir de la decimotercera semana de embarazo, y si fuera necesario, se debe tomar un preparador de hierro que ofrezca una buena tolerabilidad.

Posparto

La falta de hierro en el posparto supone, entre otras cosas, una mayor predisposición a padecer fiebre puerperal.

El equilibrio de hierro durante el embarazo su establece mediante una compleja constelación de funciones y estructura que es sensible y propensa a alterarse en muchos puntos, por lo que hay que vigilarla al detalle.  El aumento de las necesidades de hierro durante el embarazo se intensifica aún más por la fuerte pérdida de sangre en el parto.

Un mililitro de sangre supone un pérdida de hierro de 0,5 mg. En condiciones normales una parturienta pierde unos 500 ml de sangre y , por tanto, 250 mg de hierro. Pero si surgen complicaciones durante el parto o el embarazo (como un desprendimiento prematuro de la placenta, alteraciones hemorrágicas debido a una placenta previa o una hemorragia posterior atónica) la pérdida de sangre pueden superar los 2.000 ml. Además, las madres que amamantan pierden hierro a través de la leche materna. Por tanto, en principio también hay que considerar la fase de puerperio como un momento crítico en lo que respecta al suficiente aporte de hierro para la madre y el hijo. Una serie de investigaciones han puesto de manifiesto que las mujeres con falta de hierro perinatal aislada (sin anemia) no pueden reponer sus depósitos de hierro únicamente con el hierro procedente de la alimentación.

Las consecuencias de una anemia o de un aporte insuficiente de hierro posparto son las mismas que sufren quienes tienen esta carencia fuera de las fases de embarazo y parto: descenso del rendimiento físico y mental, cansancio, disnea (dificultad para respirar) dependiente del esfuerzo, taquicardia (aceleración del pulso y palpitaciones). Además puede existir una mayor predisposición general a sufrir infecciones. En el período de posparto la falta de hierro supone además una mayor propensión a padecer fiebre puerperal.

Pero aún hay más: la falta de hierro se considera posible causa orgánica de depresión, y por tanto, también de depresión posparto. Una madre depresiva o con un estado de ánimo depresivo tiene mermada su capacidad de contacto emocional con el niño y sólo puede llevar a cabo de forma limitada funciones importantes como el reflejo y la modulación y regulación afectiva.

Pero precisamente en los primeros días y semanas tras el parto la calidad del vínculo de unión entre madre e hijo es decisiva por lo que respecta al posterior desarrollo social y emocional del niño, por tanto las consecuencias de semejante merma emocional de la madre son graves y de gran alcance.